27 agosto 2009

Las momias de Llullaillaco

"Tres niños en dirección a la muerte," El Hallazgo de tres momias, en el Volcán Llullaillaco, según investigaciones nos revela que los Incas sepultaron a estos tres niños con vida, Los expertos afirmaron que lo correcto es llamarlos niños en gelación, porque se han podido conservar en perfecto estado debido a las bajas temperaturas del santuario, situado a los 6.739 metros de altura.

Según los expertos, no se trata de sacrificios sino de ofrendas, y para las familias era un honor y un privilegio que uno de sus miembros fuera “un niño divino”.





la Capacocha era la ceremonia más importante del calendario inca. En él se hacían ofrendas de gratitud en las que se entregaba a los dioses niños bellos y perfectos ataviados con los mejores textiles. Al ritmo de cantos y bailes, la celebración consistía en que los niños bebieran chicha (alcohol de maíz) y consumieran coca durante largas horas. Los efectos de estos brebajes sumados al frío intenso hacían que sus frágiles vidas fuesen languideciendo. Una vez dormidos eran enterrados en un pozo con un diverso ajuar de miniaturas de oro, plata, telas y plumas. Según la creencia inca, estos niños ofrendados no morían sino que se reunían con sus antepasados, afianzando así lazos entre los hombres y los dioses.






Se cree que La doncella tenía unos 15 años en el momento de ser sacrificada. La momia está sentada, con las piernas flexionadas y los brazos apoyados sobre el vientre. Lleva puesto un vestido marrón y tiene los hombros descubiertos por un manto sostenido por un broche de plata. Además, va peinada con pequeñas trenzas.











La Doncella tenía 15 años y medio. El Niño, siete años, y la Niña del Rayo, seis.

Durante la última sesión de trabajo en el laboratorio, hace 20 días, se les realizaron radiografías odontológicas que permitieron establecer la edad que tenían los niños al momento de su sacrificio: la Dalimentos que comió. Su piel quedó dura por acción del frío, pero la carne no está seca, sino congelada. Todo ello permitió que se les realizara todo tipo de estudios médicos, tal como si se hubieran practicado en seres vivos.


El hallazgo de las tres momias congeladas cerca de la cima del Volcán Llullaillaco está a punto de convertirse en un problema limítrofe con Argentina, porque no está claro en qué lado del volcán (aún en actividad) se hizo el hallazgo. El Llullaillaco de 6.723 metros de altura, se encuentra en el límite de ambos países. Frente a Antofagasta, por Chile, y de Catamarca, por Argentina. Las momias fueron encontradas por el antropólogo alemán, Johan Reinhardt y llevadas al vecino país para su estudio. Sin embargo, desde Chile, han surgido voces que reivindican la claridad del asunto y aunque algunas personas quieren que las momias sean devueltas a Chile –si fue encontrado en la ladera oeste del Llullaillaco- o bien, que científicos de ambos países participen en su estudio.




(Fuente revista Ser indigena)

26 agosto 2009

El niño del cerro el plomo









El niño del cerro El Plomo

Veamos la descripción que del niño se hizo en la época de su hallazgo:
No es una momia. Las momias son cadáveres embalsamados para que se conserven por mucho tiempo, pero a los cuales seles ha despojado de las vísceras. El niño de El Plomo, en cambio es un niño congelado. Científicamente se les denomina ‘liofilizado’. El niño del cerro El Plomo está intacto. Tiene todos sus órganos vitales internos. Exteriormente su cuerpo es similar al de un ser humano vivo. Con pies, rostro completo con su boca, frente, ojos con pestañas, nariz y la cabeza cubierta con un complicado peinado de múltiples trenzas. Está reclinado sobre sus piernas y con sus manos apoyadas en las rodillas, actitud de oración.

La fantástica hipótesis de que el niño no era una momia y en cambio estaba con animación suspendida, la emitió el biólogo español, García Beltrán y todo indica que el hombre de ciencia hispano, tenía mucha razón.
El hallazgo, como se dijo, lo hizo el arriero Luis Gerardo Ríos y su sobrino, Jaime Ríos Abarca en un lugar del cerro El Plomo, ubicado a 5.200 metros de altura, conocido como “La Pirca de los Indios”. Tras excavar en el hielo, descubrieron varios objetos de oro y otros adornos funerarios, que luego desaparecieron (talvez vendidos por Ríos). Luego de extraer al niño de su cámara de hielo, lo trasladaron hasta una cueva más abajo del cerro, a unos cuatro mil metros de altura. Allí lo escondieron. Un mes y nueve días, después mientras negociaban su venta al Museo de Historia Natural, lo bajaron para llevarlo a Puente Alto. En esta ocasión –recordó Ríos y su sobrino- el cuerpecito que pesaba al sacarlo del hielo, unos 35 kilos (peso normal de un niño de ocho años y tres meses de edad), había adelgazado y ahora pesaba sólo quince kilos. Mientras lo transportaban cerro abajo, el niño comenzó a emanar aceite y a sangrar de sus oídos. Prueba irredarguible que 500 años después- el pequeño inca estaba vivo, pero congelado.


Fatal pérdida de tiempo

El entonces director del Museo de Historia Natural, Humberto Fuenzalida, relató los entretelones de la compra del niño incásico a los arrieros.

“El 16 de Febrero recién pasado (16 Febrero 1954), la señora Greste Mostny, Jefe de la Sección de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural, recibió la visita de un campesino que dijo ser arriero cordillerano y éste le contó que habría encontrado en la cordillera una momia indígena. La señora Moslny se interesó vivamente por la noticia y pidió algunas referencias suplementarias. Como yo no estaba en Santiago, rogué al campesino que volviera los primeros días de Marzo para conversar conmigo y tratar la compra de la momia, junto con los ornamentos y los objetos que la acompañaban”. “Unicamente treinta días después la señora Mostny y otros especialistas concurrieron a Puente Alto y vieron la momia con sus ojos. Quedaron tan impresionados que recomendaron que el museo debía hacer cualquier sacrificio para comprarla. Pero, ¿qué había sucedido con el pequeño inca en el lapso que media entre su descubrimiento –10 Febrero 1954- al 18 de Marzo de ese año, cuando los antropólogos lo observaron por primera vez?. El arriero Ríos dijo entonces al desaparecido vespertino “Los Tiempos”: “Cuando tropezamos con su cuerpo y lo sacamos cuidadosamente, pesaba más o menos 35 kilos, cuando volvimos a ‘piedra numerada’, (donde lo escondieron) un mes y nueve días más tarde, nos encontramos con una tremenda novedad; estaba reseco y a lo sumo pesaba 15 kilos. Fue el viento cordillerano que en esa región es seco y constantemente el que operó el milagro”.

“Años después, en 1987, Hans Niemayer que dirigía el museo, dijo a La Nación: “Lo que sucedió fue que ya había empezado el proceso de deshidratación del cuerpo congelado al extraerlo de su cámara mortuoria en el hielo sometido a liofilización, es decir, a una combinación perfecta de temperatura y humedad que logró su conservación”.

Adormecido con coca

El pequeño no falleció de ninguna enfermedad ni accidente. Eliana Durán, entonces Jefe de Antropología del museo señaló en su época: “Las investigaciones señalan que el infante fue emborrachado con coca e instalado en su sepulcro de piedra y hielo. Se adormeció lentamente con el frío y sin sufrir dolor alguno ni darse cuenta, falleció”.

El biólogo español, García Beltrán, hizo notar un detalle muy sugerente en respaldo a su teoría que el niño inca estaba con vida al ser desenterrado del cerro El Plomo. Entre los objetos de Oro y Plata que encontró el arriero, al lado del pequeño (“estatuillas” dijo), aparte de una bolsa con hojas de coca, se encontraban figuras de Oro, una de las cuales era un sapo, según el científico hispano, que los incas sabían perfectamente lo que estaban haciendo. El poner un sapo de Oro al lado del niño, era un mensaje a la posteridad, puesto que la técnica del “sapo helado” era conocida desde la llegada de los conquistadores españoles al Perú. Un sapo puede vivir hasta doce años enterrado en el hielo gracias a sus venenos, y ser resucitado años después. De hecho, hay constancia histórica, que los incas sabían conservar incorruptos los cuerpos humanos, con su técnica de congelamiento, que hoy se conoce como de “animación suspendida”.

Para el biólogo español Beltrán, que aseguraba que en Los Andes hay muchas otras momias esperando ser desenterradas de su cámara de hielo, para entregar sus secretos a los científicos del siglo XXI, los recientes hallazgos son una confirmación.

La momia encontrada en el Aconcagua en 1985, también era un niño y estaba a cinco mil metros en el hielo, donde la temperatura es semejante a la de El Plomo. Dicha momia fue llevada a Mendoza y se ignora su destino posterior.

Ahora los tres cuerpos encontrados en 1999 en el Llullaillaco, están en San Juan y se cree que también se trata de niños. Lo curioso es que también fueron encontrados en cámaras de hielo a cinco mil metros de altura, o sea, la misma temperatura de los hallazgos anteriores.


(Fuente revista ser Indigena)
http://www.revista.serindigena.org/noticias/